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Se acercan los finales de curso y las graduaciones y con ello, para muchos jóvenes, las dudas acerca de su futuro, pues son numerosos los que aún no tienen claro qué estudiar o a qué van a dedicar sus próximos años. El panorama actualmente no es demasiado alentador ni prometedor para emprender con entusiasmo y optimismo cualquier estudio. Bien pudiera ser, no obstante, que ya tuvieran su vocación trabajada anteriormente, lo que dejaría tranquilo a cualquier padre o madre pues, en el fondo, pensamos que si se estudia lo que gusta se tendrán más posibilidades de éxito laboral, lo que llevaría a la estabilidad y así, de manera natural, colocarse en el camino de su felicidad.

Es costumbre en Europa que los jóvenes se planteen un año puente, lo que llaman un gap year. Viajar a otros lugares de residencia con el fin de estudiar y afianzar sus idiomas. Vivir otras experiencias más allá de las académicas, conocer otras culturas y alcanzar un poco más de madurez que les permita tomar una mejor elección del grado o estudios por el que decantarse.

También en el mundo adulto, o en el mundo laboral siendo más concretos, comienza a ser una opción, aunque solo reservada para unos pocos privilegiados. La posibilidad de viajar, descansar al tiempo de las rutinas diarias y cambiar de chip, incrementa no solo las posibilidades competitivas profesionales sino el desarrollo de la creatividad, haciendo de ésta la clave para producir más y mejor.

No hablamos de año sabático como tal, pues lo frecuente es viajar trabajando, working and studying. Incluso, se puede aprovechar la oportunidad de ser proactivo e integrarse en uno de los diversos programas de voluntariado ofrecidos por el Servicio de Voluntariado Europeo, donde los gastos son cubiertos por la UE y los países de destino son diversos, ofreciendo buenas expectativas para los fines que tratamos.

La búsqueda de conocimientos o experiencias distintas favorecerá, sin duda, el próximo currículo a rellenar. Capacidades adquiridas como son enfrentarse a cosas nuevas, planificar, desenvolverse solos o ser resolutivos. También desenvolverse en terrenos no propios, tanto con las personas extranjeras que encuentren a lo largo del viaje, como con las oriundas del país de destino, aprovechando al máximo los recursos, sobre todo los económicos, pues no se trata de viajes de turismo estrictamente, llevan aparejadas la obtención de diferentes habilidades y cualidades. Cualidades que serán valoradas, no solo en el currículo que tengan que presentar en su futuro, sino que también contribuirán al desarrollo interno de cada uno de estos jóvenes, pues sus experiencias les llevarán a sus reflexiones personales y a un conocimiento de sí mismo más profundo que, innegablemente, les aportará más seguridad y autonomía y por tanto, capacidad de decisión consecuente y coherente para con sus propias acciones.

La máxima inscrita en el Templo de Apolo, en Delfos «Conócete a ti mismo«, cobra aquí máximo sentido y esplendor. El conocimiento de uno mismo permite así el conocimiento del mundo restante. Las nuevas generaciones siempre serán las encargadas de transformar y adaptar. Elijan lo que elijan, nuestros jóvenes siempre aportarán y participarán del Todo, siendo piezas vivas de este curioso engranaje que es el mundo. En cualquier caso, el mundo seguirá girando, tocándole esta vez el relevo a nuestros jóvenes que, estoy segura, serán protagonistas de intensos y novedosos escenarios.

Cristina Arceo Melián

Cristina Arceo Melián

Graduada y Diplomada en Trabajo Social, es profesora en la Universidad de La Laguna y Tutora en la UNED.
Posgrado en Master en Intervención y Mediación Familiar y Especialista en Intervención Psicoterapéutica Cognitivo Constructivista, es además, Experta en Ciencias Forenses y Peritaje Psicosocial.
Vicepresidenta del Colegio Oficial de Trabajo Social en Tenerife.